Patología Cervical y Colposcopia

Cuando hablamos de patología cervical nos referimos a todo lo relacionado con el cuello uterino. Debemos investigar la presencia del virus del papiloma humano (VPH) causa de lesiones cervicales neoplásicas y condilomas.

Detectar el cáncer de cuello uterino a menudo empieza por un resultado anormal en la prueba del cribado citológico o en una prueba del VPH. Pero éstas son pruebas de detección y no de diagnóstico.  Este resultado implicará realizar pruebas complementarias que puedan diagnosticar lesiones premalignas o cáncer de cuello uterino. 

La Colposcopia permite visualizar la superficie del cuello y mediante la aplicación de una solución diluida de ácido acético se puede observar cualquier área anormal. Pude ser necesaria la obtención de una pequeña muestra o biopsia para descartar una lesión premaligna o un cáncer. 

La conización cervical es una intervención indicada como tratamiento y/o diagnóstico de las lesiones cervicales y es un procedimiento de escisión electroquirúrgica con asa (LEEP o LLETZ) extirpándose el tejido en forma de cono.

Virus del Papiloma Humano (VPH)

La prueba del virus del papiloma humano (VPH) detecta la presencia del virus que provoca el desarrollo de verrugas genitales, células cervicales anormales o cáncer cervicouterino. No se recomienda su uso rutinario para menores de 30 años. El 80% de las personas sexualmente activas tendrán contacto con el virus en algún momento de su vida.  Este virus se propaga a través del contacto sexual y va a ser muy común en jóvenes, sin embargo, las infecciones suelen desaparecer espontáneamente al cabo de uno o dos años.  La prevención eficaz mediante profilácticos es complicada porque el preservativo no cubre la totalidad de la piel. Por todo ello la vacuna es la única vía de prevención eficaz y lo ideal es administrarla antes de la primera relación sexual.

Dudas frecuentes

Es un patógeno exclusivamente humano, que puede infectar la piel (VPH cutáneos) y las mucosas (VPH mucosales) Existen más de 200 tipos diferentes y de ellos unos 40 serán capaces de infectar la mucosa genital y anal de ambos sexos.  No provocan síntomas, sólo se detectan si se realiza un análisis específico para su detección. Si posee alguno de los de alto riesgo podrán acabar derivando en lesiones precancerosas que se suelen detectar en las revisiones ginecológicas rutinarias que recomendamos una vez al año.

 Se transmite por contacto de piel o mucosas. La principal vía de contagio es la vía sexual (por penetración vaginal y/o anal y menos frecuente por el contacto de la piel con piel de la zona genital y por el sexo oral).

La mayor probabilidad de contagio se da en los primeros años de vida sexual por lo que entre el 20-30% de las mujeres jóvenes (antes de los 30 años) son portadoras del VPH-AR. Se estima que aproximadamente el 80% de las mujeres sexualmente activas contactan con al menos un tipo de VPH en algún momento de su vida. Sin embargo, mas del 80% de estas infecciones son transitorias y se resuelven en el transcurso de dos años posteriores a la infección.

De todos los tipos que existen, algunos son conocidos como de alto riesgo u oncogénicos (VPH-AR) por su capacidad de desarrollar lesiones premalignas y cáncer. Dentro de este grupo los tipos tipo 16 y 18 son los más importantes y son los responsables del 70% de los cánceres de cuello de útero.

Los Virus de bajo riesgo (VPH -BR), que no están relacionados con el cáncer pero causan lesiones benignas, son los tipos 6 y 11 y son los responsables del 90% de las verrugas genitales.

Los HPV son los responsables del 70% de los cánceres de cuello de útero y con menor frecuencia el virus infecta otros epitelios y mucosas del área anogenital y orofaríngea produciendo lesiones precancerosas y cáncer en vulva, vagina, ano, boca garganta y pene.

Todas las vacunas comercializadas ofrecen una alta protección frente a los cánceres de útero y una proporción significativa de los cánceres de vulva, ano y orofaringe. Algunas también protegen frente a verrugas genitales o condilomas.  Previene de la infección, pero no afecta a la eliminación del virus existente en el momento de la vacunación. Haber tenido una infección por HPV no protege frente a la adquisición de nuevas infecciones. Las mujeres que han iniciado su actividad sexual o aquellas con una infección actual o pasada también se pueden beneficiar de la vacunación.

El preservativo protege en gran medida de la infección, sin embrago con un uso correcto incluso desde el inicio de la relación, no confiere una protección completa debido a que el área protegida por el preservativo es limitada

Disponemos de tres tipos de vacunas; las que incorporan 2, 4 o 9 cepas del virus. Las de dos cepas protegen del 16 y 18 (los más peligrosos), las de cuatro protegen frente a los dos anteriores y también frente al 6 y 11, los que provocan las verrugas genitales, y, por último, la de nueve cepas amplía su cobertura a los tipos 31, 33, 45, 52 y 58, consiguiendo una protección de hasta un 98 % de los distintos tipos de cáncer asociados al HPV.